Cuatro secretos para compartir

¡Hoy sale a la venta mi primera novela traducida! O, mejor dicho, cotraducida, porque la traduje a cuatro manos con Paula Aguiriano. Se trata de Cuatro secretos para compartir, de Kristina Moninger, una novela de romance y misterio young adult publicada por la editorial inlov, que cierra la tetralogía Breaking Waves.

Para mí ha sido un trabajo muy especial por varios motivos, así que en esta entrada quiero hablarte de la obra y, sobre todo, contarte algunas curiosidades sobre el proceso de traducción.

Cubierta del libro «Cuatro secretos para compartir», de Kristina Moninger.

Breaking waves

Como ya te adelanté hace unas semanas, Breaking Waves es una tetralogía romántica y de misterio protagonizada por cinco amigas, una de las cuales desapareció sin dejar rastro hace diez años. Cada novela está narrada desde el punto de vista de una de las amigas restantes, que, a lo largo de dos líneas temporales, va desvelando los sucesos que transcurrieron una década atrás y resolviendo los asuntos pendientes que todavía tiene, tanto los relacionados con la desaparición como los temas amorosos que la traen de cabeza.

La mayor parte de la trama está ambientada en Harbour Bridge, una isla ficticia de Carolina del Sur, donde las cinco amigas coincidieron en varios veranos de su adolescencia. El surf es uno de los grandes protagonistas, así que pasaremos mucho tiempo en el mar y en la playa, pero a lo largo de la serie también visitaremos otros escenarios, como las marismas o el aparcamiento de caravanas.

En las relaciones románticas se exploran diversos tropos (friends to lovers, enemies to loves, slow burn…), así que en cada libro encontrarás una dinámica diferente. Y, como en toda buena historia de intriga, la información se desgrana con cuentagotas: cada amiga solo conoce una parte de los sucesos y todas tienen secretos que no están dispuestas a compartir con las demás de buenas a primeras.

Cuatro secretos para compartir

Cuatro secretos para compartir es la última entrega de la tetralogía Breaking Waves y está narrada desde el punto de vista de Lee, que es la única que sabe lo que ocurrió cuando desapareció Josie.

Lee ha estado bastante ausente durante el resto de la serie: de adolescente tuvo que compaginar los estudios y la vida social con el trabajo debido a su precaria situación económica y familiar; y, en cuanto le fue posible, se mudó a Hawái a dar rienda suelta a su pasión por el surf, así que aún no se ha reencontrado con Avery, Isa y Odina en Harbour Bridge. Ahora regresa tras recibir una llamada y una noticia que le hace sospechar que sus antiguas amigas están en peligro, por mucho que tema verse cara a cara con ellas… y con Parker, de quien se separó en circunstancias que todavía no ha superado del todo.

En este libro se atan todos los cabos sueltos y se pone fin al misterio de la desaparición de Josie, además de resolver ciertos conflictos románticos que aún quedaban pendientes. Y, desde mi punto de vista como lectora, el final es de lo más satisfactorio.

Traducir el último volumen de una serie

Lo ideal es que, cuando se traduce una serie de libros, la misma persona se encargue de todos ellos. En este caso no fue posible, pero se optó por la segunda mejor opción: traducir el cuarto volumen a medias entre la traductora de los otros tres (Paula Aguiriano) y una segunda traductora (¡yo!), que estuvimos en contacto en todo momento para consultar dudas y tomar decisiones importantes en conjunto.

Es una locura traducir el último volumen de una serie que no conoces, así que, antes de empezar, lo primero que hice fue ponerme a leer los libros que ya estaban publicados. Esto fue importante no solo para familiarizarme con la historia y los personajes, sino también para reconocer los sucesos a los que se hacen referencia en el cuarto libro, pues hay varias conversaciones que se repiten desde otro punto de vista y, obviamente, hay que traducirlas igual en todas partes.

Fue muy interesante traducir mi parte del cuarto libro al tiempo que leía el primero y el segundo. Al traducir, a menudo me encontraba con personajes que no sabía de dónde habían salido o se mencionaban sucesos supuestamente conocidos de los que yo no tenía noticia, y un par de días después leía sobre ellos en un libro anterior y exclamaba para mis adentros: «¡ajá, así que viene de aquí!», con una sensación muy parecida a cuando se revela un dato clave en la historia, aunque en orden cronológico inverso. Del mismo modo, en los primeros libros me iba encontrando a las protagonistas haciéndose preguntas cuya respuesta yo ya sabía porque la había traducido en el cuarto, y no podía evitar imaginarme la reacción de quienes llevan meses esperando para descubrirla también.

Sí que me faltó algún dato porque el tercer libro aún no estaba disponible mientras yo traducía, pero, por suerte, tenía a Paula disponible para hacerme cualquier aclaración que necesitara.

Traducir a cuatro manos: un trabajo en equipo

Como ya he mencionado, la traducción de Cuatro secretos para compartir ha sido un trabajo en equipo, ya que las dos traductoras hemos compartido recursos (¡esos glosarios sobre términos de surf!) y hemos estado en contacto constante para asegurarnos de que el resultado fuera lo más uniforme posible.

Hay mil maneras de organizar el trabajo cuando se traduce un libro a cuatro manos. Lo que hicimos nosotras fue repartirnos los capítulos, traducir cada una los suyos y, después de una revisión propia, pasárselos a la otra para que los revisara también. Como era mi primera traducción literaria para público adulto, y además del alemán (un idioma desde el que hasta entonces solo había traducido textos médicos y medioambientales), las correcciones de Paula me sirvieron mucho para afinar el estilo y el tono de mi traducción, así que estoy agradecidísima por todo el tiempo que le dedicó. Por mi parte, principalmente sugerí algunos cambios menores relacionados con la terminología, por ejemplo, sobre temas médicos, con los que yo estaba más familiarizada, o sobre campeonatos de surf, que yo tuve más tiempo de investigar. Todo esto, claro, antes de la corrección de la propia editorial, así que, como ves, es un libro que se ha revisado a fondo.

Antes de entregar la traducción,  hicimos una videollamada para resolver las últimas dudas que nos quedaban. Por ejemplo, habíamos dejado marcadas varias frases ambiguas que no tuvimos claro como traducir hasta contar con toda la información tras leer la novela entera, y hubo un algún juego de palabras con el que no nos habíamos quedado del todo satisfechas y que al final conseguimos traducir de una forma que nos gustó mucho a las dos gracias a una lluvia de ideas de última hora.

Traducir te deja secuelas

Al traducir una novela te metes tanto en la historia que te acompaña incluso en los momentos más inesperados.

Por ejemplo, estando inmersa en la traducción de Cuatro secretos para compartir, hice la ruta del flysch de Zumaia a Deba, un recorrido precioso por la costa de Gipuzkoa. En un momento dado, me detuve para admirar la inmensa extensión de mar azul y, en vez de disfrutar del espectacular paisaje como una persona normal, me puse a fijarme en las partes de las olas, que había tenido que aprenderme para traducir las numerosas escenas de surf de la novela: el tubo, el labio, la pared… Y me eché a reír cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo. ¡Menos mal que no había nadie cerca!

¿Tienes ganas de saber cómo acaba la serie Breaking Waves?
Compra Cuatro secretos para compartir en tu librería favorita o pídeselo a tu biblioteca y descubre las piezas que faltan en el puzle de la desaparición de Josie.