Energía positiva: crónica del congreso final de ATELIER
El 11 y el 12 de marzo asistí al congreso final de ATELIER, un proyecto financiado por la Unión Europea en el marco del programa Horizon 2020 que ha tenido como objetivo crear distritos de energía positiva (PED, por sus siglas en inglés) en ocho ciudades europeas: Bilbao, Amsterdam, Bratislava, Budapest, Copenhague , Cracovia, Matosinhos y Riga.
Distritos de energía positiva
Aunque no hay un consenso general sobre la definición de los distritos de energía positiva, una manera sencilla de pensar en ellos es como zonas que producen más energía de la que consumen. Para ello, se agrupan varios edificios con el fin de generar energía renovable y consumirla de manera eficiente, y se lleva a cabo una gestión a nivel de distrito en lugar de edificio a edificio.
Los PED no solo contribuyen a la neutralidad climática de las ciudades, sino que también mejoran el funcionamiento del sistema energético y aportan flexibilidad y resiliencia a la red eléctrica, por ejemplo, reduciendo los picos de demanda.
Cada ciudad es un mundo
En el congreso participaron representantes de las ciudades implicadas en ATELIER, así como de empresas e instituciones que colaboraron en su ejecución. Por eso, cada presentación enriquecía las demás exponiendo la perspectiva de otro contexto local o enfatizando uno de los numerosos aspectos (medioambiental, técnico, económico, jurídico…) que influyeron en los resultados.
Una cosa quedó clara: cada ciudad es un mundo y es imprescindible tener en cuenta las necesidades concretas de cada una para que las soluciones propuestas funcionen.
Por cercanía, me interesaba especialmente el PED de Zorrotzaurre (Bilbao), donde se emplea el intercambio geotérmico para crear una red urbana de frío y calor de quinta generación que evitará el uso de combustibles fósiles para la climatización de los edificios. Pero todas las ciudades tienen alguna particularidad que las hace destacar y me encantó conocer sus experiencias.
Por ejemplo, en Amsterdam se probaron diferentes maneras de organizar las comunidades energéticas (desde abajo y desde arriba); en Copenhague establecieron el ambicioso objetivo de extender el concepto de «distrito de energía positiva» a toda la ciudad para 2035; y en Matosinhos combinaron este proyecto con el del corredor verde de la cuenca del Leça, que ha pasado de ser uno de los ríos más contaminados de Europa a convertirse en un excelente modelo de regeneración.
La comunicación es la clave del éxito
Estoy convencida de que no soy la única que sigue dándole vueltas a la acertada metáfora con la que Tiago Lopes describió la situación en la que nos encontramos: una carrera hacia la neutralidad climática, pero no una carrera competitiva, sino una en la que todos tenemos que llegar a la meta. Sin embargo, hay otro asunto que se abordó en muchas de las presentaciones y que me ha llamado la atención como 7: la importancia de la comunicación.
Una observación compartida por las personas implicadas en el proyecto es que la comunicación es imprescindible para que los proyectos de energías renovables lleguen a buen puerto. Por un lado, hay que aumentar la concienciación ciudadana para generar aceptación social y evitar que por desconocimiento se rechacen soluciones energéticas que resultarían beneficiosas para toda la comunidad. Por otro lado, para garantizar la implicación de todas las partes interesadas es fundamental proporcionar información clara a las instituciones públicas y a las empresas.
Superar las barreras lingüísticas
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