Crónica del IV Encuentro Profesional de la Traducción Editorial
La primera semana de abril fue una locura: los días 2 y 3 estuve en el Basque Circular Summit y al día siguiente viajé a Palencia para asistir al IV Encuentro Profesional de la Traducción Editorial organizado por ACE Traductores, que se celebró en el Centro Cultural Lécrac del 4 al 6 de abril.
Así que he tardado más de lo habitual en ponerme al día con las tareas que se me fueron acumulando durante mi ausencia, pero por fin he conseguido sentarme a escribir esta crónica sobre el encuentro de Palencia.
El derecho a leer
Uno de los temas estrella del encuentro fue el derecho a la lectura, que se mencionó ya en la inauguración (que me han dicho que fue muy bonita, pero me la perdí porque estaba en la entrada repartiendo acreditaciones) y se trató a fondo en la sesión inaugural, una mesa redonda con Fernando Flores y María José Gálvez, moderada por Angels Gregori.
Según explicó María José Gálvez, no existe ninguna ley sobre el derecho a la lectura, ni en el Estado ni en Europa, aunque se trata de un elemento indispensable para la democracia y puede considerarse un derecho transversal en nuestro ordenamiento jurídico, que engloba el derecho a la educación y a la alfabetización.
Fernando Flórez subrayó que todo derecho tiene que ser conseguido y mantenido por la lucha y que el derecho a la lectura no se limita a saber leer, sino a entender lo que se lee y a elegir qué leer y qué no. Por un lado, recordó que ya estamos viendo casos de partidos políticos que retiran determinados libros de las bibliotecas debido a la lengua en la que están escritos o el tema que tratan. Por otro lado, nos hizo fijarnos en la situación de algunos colectivos vulnerables: ¿pueden las personas con discapacidad intelectual, las personas migrantes y las personas privadas de libertad leer lo que les gustaría leer?
Inteligencia artificial generativa
Parece increíble que tengamos que seguir hablando de la inteligencia artificial generativa cuando a estas alturas es de sobra conocido que solo existe gracias a ingentes cantidades de datos obtenidos por medios ilegítimos y que tiene un impacto ambiental que no nos podemos permitir en la crisis climática en la que nos encontramos. Pero, dado que aún hay editoriales que utilizan la IAG para traducir libros o para generar las imágenes de las cubiertas, no nos queda más remedio que mantenernos al día para proteger nuestros derechos. Por eso, contamos con una mesa redonda moderada por Elia Maqueda en la que Javier Díaz de Olarte y Ela Varošanec nos aclararon todas las dudas que pudiéramos tener sobre el tema.
Ela se centró en la parte más técnica de la inteligencia artificial generativa y nos dio un dato de lo más significativo: para entrenar los modelos actuales se ha utilizado prácticamente todo el material accesible en Internet en el mundo entero y, aun así, siguen teniendo muchísimas limitaciones, por lo que es imposible que mejoren lo suficiente para dar buenos resultados con el volumen de datos que pueden obtener a corto y medio plazo.
Javier, por su parte, desgranó las artimañas legales de las que se han valido las empresas para justificar el robo de material protegido por derechos de autor, como acogerse a la Directiva 2019/700, que autoriza la minería de datos y texto para permitir el tratamiento automatizado de información con fines científicos-técnicos y que, aunque posibilita su uso para otros fines (siempre que el titular de los derechos no se oponga), no fue concebida para generar contenido similar a las obras creadas por seres humanos, ya que ese tipo de tecnología no existía cuando se tramitó la disposición.
Además del evidente fraude de ley, Ela criticó que la Unión Europea está favoreciendo a las empresas tecnológicas en lugar de proteger a las personas del sector creativo, por ejemplo, con el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial, que es más una ley de protección del consumidor que de defensa de la propiedad intelectual, y con un código de buenas prácticas que no solo no es de cumplimiento obligatorio, sino que no ha tenido en cuenta ninguna de las alegaciones que presentaron los autores. Está claro que todavía tenemos que seguir alzando la voz a la espera de que estalle la burbuja de la IAG.
Contratos, tarifas y condiciones laborales
Pero el sector del libro ya era precario antes de que llegara la inteligencia artificial, por lo que en las siguientes sesiones continuamos debatiendo sobre posibles maneras de mejorar las condiciones laborales
Manuel Rico, Elisabeth Pérez Fernández y Marta Sánchez-Nieves Fernández expusieron las condiciones que debería cumplir un modelo de contrato común a las tres profesiones autorales: la escritura, la traducción y la ilustración. El pago de un anticipo en todos los contratos, la remuneración de las actividades conexas a la publicación del libro, la imposición de sanciones ejemplares a quienes vulneren la propiedad intelectual, la información detallada sobre la tirada prevista antes de iniciar el trabajo, las cláusulas recíprocas contra el uso de la IA en la escritura, la traducción, la grabación de audiolibros y la ilustración… Fueron muchas las propuestas que se pusieron sobre la mesa y que demostraron que los tres ámbitos tenemos más en común de lo que parece a simple vista.
Respecto a las tarifas, Julia Osuna y Fernando Valdés presentaron La Tarifadora, una herramienta creada por ACE Traductores y UniCO que sirve, por una parte, para calcular el salario mensual que se gana al traducir, corregir y editar con determinadas tarifas y, por otra parte, para compararlo con el SMI y con el sueldo de un técnico editorial asalariado. El resultado puede ser desalentador en un primer momento, pero la idea es que sirva para concienciar de lo que implica una tarifa baja y ayudar a negociar mejores condiciones en los contratos.
Y, como la unión hace la fuerza, Paula Zumalacárregui y Clara Ministral presentaron el programa de mentorías de ACE Traductores, que este otoño convocará su sexta edición. Este programa empareja a profesionales con más de diez libros traducidos con traductores que están dando sus primeros pasos y quieren recibir asesoramiento para introducirse en el sector editorial. Yo tuve la suerte de participar como traductora novel en la primera edición y lo recomiendo encarecidamente a quien esté empezando. Y, por todos los comentarios que hubo tras la presentación, ¡parece que las mentoras también están encantadas!
Poesía, teatro y mucho más
No hubo tiempo para aburrirse en este encuentro porque, además de las presentaciones y las mesas redondas, también hubo unas cuantas actividades que le dieron variedad.
La primera fue el recital de poesía que se celebró en la biblioteca del Lécrac, donde Eva Gallud, Angels Gregori, Elia Maqueda, Manuel Rico, Marta Sánchez-Nieves, Angels Gregori y María Ramos Salgado nos deleitaron con poemas propios y ajenos en el lugar donde estuvo la celda de Miguel Hernández.
Clara Ministral y Coto Adánez nos presentaron Entre Bambalinas, un grupo que desde septiembre de 2024 se reúne en la biblioteca Vargas Llosa de Madrid para leer una obra de teatro traducida al español. Nos hicieron una divertida demostración para que entendiéramos cómo se desarrollan las sesiones y nos animaron a participar si nos pasamos por Madrid, ya sea presentando una traducción como asistiendo como público.
También tuvimos dos talleres de traducción: uno sobre la traducción de teatro, con Coto Adánez, y otro sobre la traducción de identidades no binarias, impartido por Carla Bataller. Yo asistí a este último y, aunque no era mi primera introducción al tema, cogí muchos apuntes y me lo pasé genial reflexionando sobre los ejemplos prácticos. Fue una pena que no nos diera tiempo a trabajar con los más difíciles, pero así nos llevamos tarea para seguir profundizando en casa, además de la abundante bibliografía que nos recomendó Carla.
Y, para estirar las piernas después de un largo día de sedentarismo, el sábado por la noche disfrutamos de un paseo turístico por Palencia, que me dejó con ganas de volver en otra ocasión con más tiempo para conocer la ciudad.
La mesa de los editores
No podíamos cerrar el encuentro sin la intervención de otro de los eslabones de la cadena del libro: los editores. Así que el domingo por la mañana arrancó con una mesa moderada por Carolina Smith de la Fuente en la que José Ángel Zapatero, de Menoscuarto Ediciones, y Carlos Rod, de La Uña Rota, nos hablaron del origen de sus editoriales, de su manera de trabajar y de las dificultades a las que se enfrentan. Ambos coincidieron en que el del libro es un sector precario y en que los editores (que no son lo mismo que lo que podríamos llamar «empresas productoras de libros») y los traductores estamos en el mismo barco.
¡Hasta el año que viene!
Chiara Giordano clausuró el encuentro con una invitación a la siguiente edición de El Ojo de Polisemo, que tendrá lugar en la primavera de 2026 en el campus de Soria de la Universidad de Valladolid.
Luego pasamos a la asamblea general de ACE Traductores y, después, a la comida de despedida, que se alargó hasta que llegó la hora de recoger las maletas y ponernos en marcha hacia la estación.
Todavía se me hace raro estar en casa después de un fin de semana tan intenso y ya echo de menos a la gente, pero viene bien un poco de descanso después de tanta actividad… ¡y cada vez queda menos para volvernos a ver en Soria!