5 años de traductora autónoma

El tiempo pasa tan deprisa que no fui consciente de que llevaba varios años traduciendo profesionalmente hasta 2017, cuando asistí al ENETI (Encuentro Nacional de Estudiantes de Traducción e Interpretación) que se celebró en Bilbao. Allí conocí a varias alumnas que se interesaron mucho por mi trayectoria. Mientras respondía lo mejor que podía a sus dudas sobre la profesión, me percaté de que yo, que llevaba asistiendo a congresos desde antes de terminar la carrera, me había convertido en una de esas personas con experiencia a las que las futuras colegas se dirigen buscando consejo.

Todavía hoy me sorprendo cuando alguna estudiante de traducción o recién graduada me hace preguntas que me recuerdan que mi época de novata ha quedado atrás. Sin embargo, lo cierto es que llevo desde 2013 trabajando de traductora a jornada completa y justo hoy se cumplen cinco años desde que dejé el trabajo en plantilla y me hice autónoma.

Para celebrar este aniversario, se me ha ocurrido que puede ser interesante hacer un repaso sobre las razones que me llevaron a tomar esa decisión, el modo en que superé las dificultades propias del comienzo y el balance de lo que he logrado en esta media década.

Motivos para dar el salto

Conseguí trabajo en plantilla en una agencia de traducción a los pocos meses de terminar la carrera. Aunque fue una experiencia de lo más enriquecedora y tuve unas compañeras de trabajo excelentes, con el tiempo empecé a sentirme estancada, principalmente por las siguientes razones:

  • Quería utilizar todos los idiomas que sabía. En la empresa traducía sobre todo de castellano a euskera, por lo que estaba dejando de lado el inglés, el francés y el alemán.
  • Quería seguir formándome. Aunque solía apuntarme a todo tipo de cursos y congresos de traducción en mi tiempo libre, muchas veces estos coincidían con el horario laboral, así que dependía de que me dieran permiso para ir.
  • Quería poner en práctica lo aprendido. Asistir a actividades de formación continua está muy bien, pero me frustraba no poder aplicar casi nada de lo que aprendía en los textos con los que trabajaba a diario.

Los comienzos son duros

Aunque no empecé de cero porque la empresa para la que trabajaba antes seguía enviándome encargos de vez en cuando, necesité varios meses y buenas dosis de perseverancia para cumplir los objetivos que me había marcado. Estas son algunas cosas que me ayudaron a superar los escollos del primer año y que siguen resultándome útiles hoy en día:

  • Tener un plan de negocios. Unos meses antes de dar el salto había hecho un curso de emprendimiento para traductores y, basándome en lo que aprendí allí, elaboré un plan en el que recogí mis objetivos, las acciones que llevaría a cabo para alcanzarlos y el presupuesto con el que podía contar. Pese a que en retrospectiva me parece muy simple, en su momento me sirvió para no andar a ciegas y sigo redactando un plan todos los años, aunque ahora son mucho más complejos.
  • Perseverar. Seguir investigando, contactando por posibles clientes, leyendo sobre los campos en los que me quería especializar, haciendo cursos… La clave consiste en no rendirse, por mucho que los resultados tarden en manifestarse. Quería dedicarme a esto costara lo que costase, así que me lo tomé como una carrera de fondo y, si bien hubo momentos duros, no cejé en mi empeño.
  • Contar con un colchón económico. Gracias a lo que había ahorrado mientras trabajaba en plantilla, no me preocupaba demasiado si algún mes la facturación era muy baja. Tener un colchón económico es imprescindible para poder rechazar proyectos no rentables que de otra manera te verías obligada a aceptar para conseguir dinero como sea.
  • Especializarme. Desde el principio tuve claro que quería traducir sobre todo textos del ámbito médico y medioambiental, así que aproveché las épocas de poco trabajo para seguir formándome y ampliar esa parte de mi currículo. Así, aunque tuviera poca experiencia práctica, me diferenciaba de quienes se ofrecían para traducir un poco de todo y era más fácil que las gestoras de proyectos confiaran en mí.
  • Ser miembro de asociaciones profesionales. Es muy enriquecedor estar en contacto con otros colegas, y las asociaciones ofrecen un montón de recursos a los que se puede sacar partido desde el principio. Por ejemplo, aprendí (¡y aprendo!) muchísimo leyendo los mensajes de la lista de correo de ACE Traductores y he conseguido algún que otro cliente gracias a la bolsa de trabajo de EIZIE.

Cinco años después

Los objetivos que tenía cuando decidí dejar el trabajo en plantilla se han cumplido:

  • Traduzco en varias combinaciones lingüísticas: del inglés, el francés y el alemán al castellano y al euskera, así como entre el castellano el euskera.
  • Estoy especializada en traducción médica y medioambiental, lo que me permite aprender sobre los temas que más me interesan y utilizar esos conocimientos para mejorar constantemente la calidad de mis traducciones.
  • Vivo de mi trabajo. Aunque tardé varios meses en conseguir suficientes clientes para que mis ingresos fueran razonables, ahora estoy muy satisfecha y no necesito ninguna otra actividad para llegar a fin de mes.

Mirando al futuro

Ser traductora autónoma implica mucho más que traducir (también hay que dedicar tiempo a la formación continua, a la facturación y a la búsqueda de clientes, entre otras cosas), pero a mí me encanta este trabajo y estoy muy satisfecha con lo que he conseguido hasta ahora. Por eso, mi intención es seguir avanzando sobre las bases que he asentado en estos cinco años.

Además, quiero profundizar en nichos concretos dentro de mis especialidades: en el ámbito de la traducción médica me apasiona el ámbito de la salud mental y en cuanto a la traducción medioambiental me gustaría explorar el sector de la economía circular. También voy a seguir llamando a puertas de editoriales para conseguir algún encargo de traducción literaria, pues a mi alma de lectora le encantaría hacer una contribución al mundo del libro.

Ya he comprobado que cinco años pasan muy rápido, así que seguro que para cuando quiera darme cuenta ya me toca escribir sobre mi primera década en esta ocupación. Seguiré trabajando con ilusión y esforzándome para que el balance sea entonces tan positivo como hasta ahora o incluso más.


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