¡Cumplo 10 años de traductora autónoma!
¡Estoy de celebración! Hoy se cumplen 10 años desde que decidí dejar el trabajo en plantilla para hacerme traductora autónoma y no podría estar más contenta con lo que he conseguido en esta década.
Hace cinco años escribí sobre los motivos por los que di el salto, las dificultades que tuve que superar en los comienzos y el balance de lo que había logrado hasta entonces. He releído aquella entrada antes de ponerme a escribir esta y ha sido muy interesante comprobar cómo he evolucionado en todo este tiempo.
Te invito a seguir leyendo si quieres saber más sobre el trabajo de una traductora que lleva 10 años de autónoma en la profesión.

Imagen de Gabi en Pixabay
10 años de traductora autónoma
Tal y como pretendía cuando decidí hacerme autónoma, me dedico a la traducción médica, medioambiental y literaria en varias combinaciones de idiomas: por un lado, entre el español y el euskera y, por otro lado, del inglés, del francés y del alemán al español y al euskera.
También he cumplido los objetivos que me planteaba en mi quinto aniversario: he profundizado en ámbitos concretos de la traducción médica (salud mental, investigación clínica, productos sanitarios, información para pacientes…) y la traducción medioambiental (economía circular, energías renovables, sensibilización ambiental…) y he conseguido adentrarme en el mundo de la traducción literaria (¡ya tengo seis libros traducidos y estoy trabajando en el séptimo!).
Este año he actualizado mi web para que refleje mejor mi visión y mis servicios y, aunque todavía tengo alguna cosilla pendiente, me encanta cómo está quedando. Es mucho más clara que la versión anterior y he añadido dos secciones que me hacen mucha ilusión porque ilustran algunos de los resultados de esta década de trabajo: estudios de caso y publicaciones.
También he creado un boletín dirigido a personas que trabajan en el ámbito de la salud y del medioambiente, mediante el que les envío consejos para mejorar su comunicación y sacar el máximo partido a las traducciones de sus textos. Con esto todavía estoy experimentando, pero de momento he recibido muy buenas opiniones, así que estoy animada para seguir con ello.
Conocerme para superar las dificultades
Uno de los motivos por los que estoy tan satisfecha con mi trabajo es que en estos 10 años he ido conociéndome mejor y aprendiendo qué técnicas me sirven para superar las dificultades del día a día.
El síndrome de la impostora
Parece mentira, pero, aunque soy consciente de que traduzco mucho mejor que cuando empecé, a veces todavía me asalta la sensación de no estar a la altura.
Para recordarme que no es verdad, se me ocurrió recopilar en un documento todos los elogios que recibo por mi trabajo, y lo leo cada vez que necesito que me recuerden que sé hacer las cosas bien.
La montaña rusa de trabajo
Incluso contando con un buen número de clientes habituales, es frecuente alternar entre épocas en las que todo el mundo parece ponerse de acuerdo para pedirme traducciones urgentes y épocas en las que no tengo ningún encargo a la vista.
Para gestionar mejor esos altibajos de trabajo, por un lado, voy elaborando una lista de tareas a las que dedicarme cuando no tengo ningún proyecto entre manos: actualizar mi web o mis portfolios, contactar con posibles clientes, leer artículos o libros que parecen interesantes, hacer algún curso sobre mis especialidades…
Por otro lado, he aprendido a darme permiso para tomarme el día libre y descansar sin sentirme culpable en los períodos de bajón: así me aseguro de tener las pilas cargadas cuando llegue el siguiente aluvión de encargos urgente.
La conciliación del trabajo y la vida personal
Es difícil compaginar los encargos y la formación continua con las responsabilidades familiares, las labores domésticas y, por supuesto, el ocio. Y, aunque como traductora autónoma cuento con la ventaja de poder organizar mi jornada laboral como más me convenga, más de una vez he caído en la trampa de aceptar demasiados encargos para una fecha concreta o de cambiar puntualmente mi horario de trabajo para encajar otras tareas, lo que reduce drásticamente mi productividad.
A base de ensayo y error, por fin he encontrado la manera de equilibrar el trabajo y el resto de mi vida sin volverme loca de estrés: apagar el ordenador a las cuatro de la tarde. Sigo haciendo alguna excepción de vez en cuando, pero esa es la norma general en la que me baso para aceptar proyectos y negociar los plazos.
La solitaria zona de confort
Como buena introvertida que soy, trabajar desde casa sin ver a nadie en casi todo el día no me supone ningún problema en absoluto. Aun así, de vez en cuando me viene bien obligarme a salir de la «traducueva» y relacionarme un poco.
Soy miembro de las asociaciones de traductores EIZIE, de Tremédica y de ACE Traductores (donde formo parte de la junta directiva desde hace cosa de un año), lo que me ha permitido conocer a un montón de colegas y entablar no solo relaciones profesionales, sino también amistades de verdad.
También me gusta asistir a cursos y congresos relacionados con la salud y el medioambiente, que me sirven para mantenerme al día sobre mis ámbitos de especialización y conocer de primera mano los proyectos en los que trabajan mis clientes y los problemas a los que se enfrentan.
Por otros 10 años… ¡y muchos más!
¿Cómo te ves dentro de 10 años? Yo tengo claro que quiero seguir traduciendo y que ser autónoma es la modalidad de trabajo que mejor encaja conmigo.
Además, he conseguido asentarme en las tres especialidades que más me satisfacen, así que mi intención es seguir profundizando en ellas para ofrecer el mejor servicio posible y llegar a más clientes que puedan beneficiarse de mis traducciones.
Aunque el camino que he elegido no sea el más fácil (¿acaso lo es alguno?), confío en ser capaz de seguir superando los obstáculos con ilusión y volver a escribir mis reflexiones aquí dentro otros diez años y, a poder ser, también dentro de muchos más.